Hacer ejercicio es quizás la recomendación médica más popular del mundo. Doctores, padres, amigos e incluso maestros aconsejan a sus seres queridos salir y patear un balón o nadar con la intención de mejorar su calidad de vida.

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Después de todo, una vida “fitness” siempre ha sonado genial ¿no? Tus amigos y conocidos que practican deporte de manera rutinaria seguro alardean de cosas como de tener energía todo el día, poder comer en grandes cantidades sin engordar e incluso cosas como que se enferman menos que una persona común. Y en parte no están mintiendo, pero se les olvida mencionar que si te ejercitas regularmente, te sucederán cosas como estas:

1.- Sudas profusa y constantemente sin control

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Imagina que empiezas a hacer ciclismo diariamente. Has completado carreras de 5, 10 y 15 kilómetros, sientes que tus piernas son esculturales, que tus amigos un poco más rellenos jamás podrían hacer lo que tu acabas de lograr. Pero cuando vas con ellos a tomar café en el restaurante del piso de arriba notas que sus cachetes redonditos parecen estar rociados de talco de bebé mientras que tú dejas un río de sudor camino a la mesa.

¿Qué sucede?

Tus amigos no tan atléticos no están acostumbrados a demostrar su proeza física constantemente a menos que las maratones de Netflix entren en esa categoría, mientras que tú has condicionado a tu cuerpo para preparar su sistema de enfriamento en caso de que necesites convertirte en Spiderman y salvar a Mary Jane.

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Mientras mayor sea tu condición física, sudarás más y más rápido. Tu cuerpo no conoce la diferencia entre un calentamiento antes de un triatlón IronMan y unas escaleras que conducen al McCafé de enfrente, por lo que cada mínima alerta física te hará sudar como un pavo al horno y no hay nada que puedas hacer para detenerlo.

Así que básicamente intercambias abdominales flácidos pero secos por bíceps de roca con axilas sudorosas, es tu elección.

2.- Trotar puede provocar que te hagas encima.

Otro escenario, has decidido que el Crossfit y el Zumba no te gustan en lo absoluto, pues las chicas maquilladas que coquetean con el entrenador y los machos musculosos que no paran de gritar no te llaman la atención.

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Entonces, decides que te colocarás audífonos y al ritmo de Billie Jean trotarás un puñado de kilómetros cada día. Todo va bien hasta que consigues tu ritmo y parece que trotar será tu paraíso, pero cuando estás a 15 minutos del retrete más cercano tu colon empieza a desesperarse y tus bonitos shorts rojos cambian de color involuntariamente.

¿Qué sucede?

Te doy la bienvenida al mundo de la Diarrea del Trotador. No existe una causa específica, pero muchos expertos coinciden en que el constante impacto y agite a tu peritoneo (hogar de órganos como tu estómago y colon) sumado a una mala circulación a tus intestinos, ocasionan movimientos viscerales involuntarios lo que puede causar que vayas al baño, lo quieras o no.

Si no me crees pregúntale a Paula Radcliffe, una maratonista experta con récords bajo su manga que durante el campeonato mundial de 2005 tuvo que detenerse en la carrera y hacer número dos para poder continuar.

Olvidaba mencionarlo, Radcliffe ganó esa carrera, y pagó el precio.

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BBC SPORT

Hacer ejercicio es sin duda bueno para la salud, pero también tiene sus desventajas inmediatas y a mediano plazo. Éstos fueron solo algunos de esos efectos secundarios que no deberían prevenirte de ejercitarte de vez en cuando, pero al menos ahora sabes que no todo es color de rosa (literalmente) en el mundo “fitness” no importa cuanto alardeen tus amigos atletas.

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